El balotaje del domingo terminó en un empate técnico que ningún conteo logra resolver. El resultado oficial podría demorar casi un mes y anticipa un país partido en dos y una gobernabilidad difícil.
Por Francisco Taborda Chaud
Perú llegó este lunes sin un presidente electo confirmado. La segunda vuelta del domingo enfrentó a dos proyectos opuestos: la derechista Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. El resultado terminó en un empate técnico que ni el escrutinio oficial ni los conteos rápidos pudieron despejar, en una elección que volvió a exponer la profunda división política del país.
El recuento de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) reflejó la magnitud de la paridad. Hacia el mediodía del lunes, con cerca del 94% de las actas procesadas, Fujimori reunía el 50,01% de los votos válidos y Sánchez el 49,99%, una diferencia de apenas centésimas sobre casi 19 millones de sufragios. El resultado se mantuvo oscilante durante toda la jornada, sin que ninguno de los dos candidatos lograra consolidar una ventaja decisiva.
Los conteos rápidos, que suelen anticipar la tendencia, tampoco ofrecieron certezas. El flash electoral de Ipsos ubicó a Fujimori al frente con el 50,7% frente al 49,3% de Sánchez, mientras que el Conteo Rápido Integral de Ipsos y Transparencia, ya al 100%, invirtió la foto y colocó a Sánchez con el 50,3% contra el 49,7% de su rival. La propia organización Transparencia advirtió que, con una distancia de apenas seis décimas y un margen de error de 1,9 puntos, resulta imposible proyectar un ganador con respaldo estadístico.
La definición real, sin embargo, podría tardar semanas. El presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, había anticipado días atrás que los resultados oficiales recién se conocerían cerca de un mes después de la votación, debido a las actas que podrían ser observadas y a los eventuales recursos de nulidad que presenten las agrupaciones políticas. Hasta tanto, el desenlace permanece abierto.
El balotaje fue la culminación de un proceso atípico. En la primera vuelta del 12 de abril compitieron 35 candidatos, en una de las elecciones más fragmentadas de la historia reciente peruana. De esa dispersión emergieron Fujimori, con el 17,19% de los votos válidos, y Sánchez, con el 12,03%, los dos únicos que superaron el umbral para disputar la segunda vuelta. Más de 27 millones de ciudadanos estaban habilitados para votar este domingo dentro y fuera del país.
El mapa de la segunda vuelta confirmó la fractura territorial que arrastra el país desde hace años. Fujimori, heredera del fujimorismo y figura central de la derecha peruana, se impuso con holgura en Lima y en regiones del norte como La Libertad. Sánchez, en cambio, capitalizó el voto de la izquierda y dominó en zonas del interior y los Andes, como Cajamarca, donde superó el 66% de los votos. Esa geografía electoral recuerda a la que en 2021 llevó a la presidencia a Pedro Castillo, sostenido por el respaldo del llamado "Perú profundo".
La elección se desarrolló bajo una observación internacional inédita. El JNE acreditó a 587 veedores extranjeros, casi el triple de los 203 del balotaje de 2021, e incluyó una misión de la Unión Europea, en una señal del escrutinio que despierta la estabilidad institucional peruana.
El próximo mandatario asumirá para el período 2026-2031 y se convertirá en el décimo jefe de Estado del país en apenas una década, una cifra que resume la crisis política que atraviesa Perú. Sea cual fuere el nombre que finalmente proclame el organismo electoral, llegará al poder con la mitad del país en contra y un Congreso fragmentado, un punto de partida que anticipa una gestión condicionada y una gobernabilidad cuesta arriba.
Un outsider de derecha desafió todos los pronósticos y forzó una segunda vuelta que promete ser la más reñida en años. El 21 de junio, Colombia decidirá.
El abogado Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,74% de los votos del domingo y dejó en segundo lugar al candidato oficialista Iván Cepeda, con el 40,90%. Ninguno alcanzó la mayoría absoluta.