El Patriota

01/05/2026
Política 30/04/2026
Milei en el Nimitz

Milei se subió al portaaviones Nimitz y mandó una señal de poder desde el Atlántico Sur

Javier Milei visitó el portaaviones nuclear USS Nimitz durante los ejercicios navales Passex 2026 junto a Estados Unidos. La foto no fue sólo militar: mostró alineamiento con Washington, reposicionamiento geopolítico y una Argentina que busca volver a jugar en las grandes ligas del poder occidental.

Javier Milei volvió a elegir una imagen que habla antes que cualquier comunicado. El Presidente visitó el portaaviones nuclear estadounidense USS Nimitz en aguas del Mar Argentino, en el marco de los ejercicios navales Passex 2026 junto a Estados Unidos. Lo acompañaron Karina Milei, el canciller Pablo Quirno y el ministro de Defensa Carlos Presti, en una actividad vinculada al Comando Sur y a la cooperación militar bilateral. La foto fue potente: un presidente argentino sobre una de las naves militares más imponentes del mundo, en pleno Atlántico Sur y con Washington como socio estratégico.

El USS Nimitz no es cualquier barco. Es un portaaviones de propulsión nuclear, uno de los símbolos más visibles del poder militar norteamericano y una pieza central de la presencia global de la Marina de Estados Unidos. Según la información difundida, la visita se dio en el contexto de maniobras conjuntas con unidades de la Armada Argentina, en una zona estratégica para el país. No fue una excursión protocolar: fue una postal de alineamiento geopolítico.

El ejercicio Passex 2026 incluyó operaciones junto al destructor estadounidense USS Gridley y buques argentinos como el destructor ARA La Argentina y la corbeta ARA Rosales. También se reportaron maniobras destinadas a mejorar la coordinación entre ambas fuerzas. Traducido al lenguaje político: la Argentina no sólo se sacó una foto con Estados Unidos; entrenó con Estados Unidos. Y en defensa, como en economía, las señales importan cuando detrás hay una decisión de rumbo.

La lectura política es inevitable. Milei viene construyendo una relación cada vez más explícita con Washington, no sólo en lo económico, sino también en defensa, seguridad y posicionamiento internacional. Para sus críticos, la visita al Nimitz será presentada como “subordinación”. Para el Gobierno, en cambio, es una señal de madurez estratégica: si la Argentina quiere jugar en serio, necesita aliados serios, entrenamiento real y una política exterior que no confunda soberanía con aislamiento.

El kirchnerismo seguramente buscará leer la foto con el manual de siempre: “entrega”, “dependencia”, “imperialismo” y todo el cassette que suele activarse cuando aparece una bandera estadounidense cerca de un funcionario argentino. El problema es que ese discurso envejeció peor que un VHS al sol. Durante años, los mismos que hablaban de independencia estratégica dejaron Fuerzas Armadas desfinanciadas, fronteras vulnerables, puertos sin visión geopolítica y una Argentina mirando desde afuera cómo otros países ocupaban los lugares importantes. Mucha consigna, poca brújula.

El Atlántico Sur no es un decorado. Es una zona clave por su proyección hacia la Antártida, sus recursos, sus rutas marítimas y su valor estratégico en un mundo cada vez más competitivo. Por eso la foto con el USS Nimitz también conversa con Malvinas, con la presencia de potencias extrarregionales, con la seguridad marítima y con el debate sobre qué rol quiere ocupar la Argentina en el nuevo tablero global. No se trata sólo de defensa: se trata de ubicación internacional.

También hay una dimensión interna. El Presidente busca instalar que su gobierno no vino a administrar la decadencia con mejores modales, sino a cambiar prioridades. En esa agenda, la defensa nacional deja de ser un tema decorativo o una caja olvidada y vuelve a aparecer como parte del Estado que sí importa: el que protege fronteras, cuida recursos, entrena capacidades y se vincula con aliados confiables. Menos Estado para repartir cargos; más Estado para cuidar lo esencial.

La visita al USS Nimitz dejó una imagen fuerte y un mensaje claro: la Argentina de Milei quiere volver a sentarse en la mesa occidental sin pedir perdón. Eso no resuelve todos los problemas, ni convierte al país en potencia de un día para el otro. Pero marca un rumbo. En política internacional, las fotos importan cuando detrás hay estrategia. Y esta vez, la imagen del Presidente sobre un portaaviones nuclear en el Mar Argentino parece decir algo bastante concreto: el mundo se está moviendo, y la Argentina ya no quiere mirar la película desde la fila del fondo.

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