29/04/2026
Economía 26/04/2026
El Gobierno mostró datos de recuperación laboral, mejora del ingreso real y récord de monotributistas

El salario respira y el empleo cambia de piel en la era Milei

El Gobierno difundió indicadores positivos sobre salario, empleo y participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Detrás de los números aparece una idea de fondo cada vez más clara: menos dependencia del Estado y más protagonismo del trabajo privado.


El Gobierno nacional salió a mostrar una foto económica que empieza a incomodar al relato del derrumbe permanente. Con datos del Ministerio de Capital Humano y la Secretaría de Trabajo, la administración de Javier Milei difundió indicadores positivos sobre salario, empleo y participación de los trabajadores en el ingreso nacional. El mensaje político es directo: después del ajuste más duro de las últimas décadas, el mercado laboral empieza a mostrar señales de recomposición y una mutación silenciosa hacia formas más flexibles de inserción productiva.

Según los datos presentados por el secretario de Trabajo, Julio Cordero, la participación de los trabajadores en el ingreso total pasó del 45,1 por ciento en 2023 al 45,5 por ciento en 2025, el nivel más alto desde 2020. En el sector privado, el crecimiento fue más marcado, con un salto del 36 por ciento al 37,8 por ciento, el valor más elevado desde 2018. No es un detalle técnico perdido en una planilla. Es uno de los indicadores que el Gobierno usa para sostener que el ordenamiento macroeconómico empieza a trasladarse, aunque de manera gradual, al bolsillo de quienes trabajan.

La explicación oficial apunta a un cambio de lógica. Durante años, la Argentina discutió salario como si pudiera separarse de productividad, inversión, reglas laborales y estabilidad económica. El resultado fue conocido: sueldos que corrían detrás de los precios, empresas que no contrataban y una economía donde el empleo formal parecía más una excepción que una regla. La apuesta de Milei va en sentido contrario. Primero ordenar, después crecer, y recién ahí recuperar ingresos de manera más genuina. No es magia, aunque en un país acostumbrado a imprimir billetes para resolver problemas, cualquier cosa que no sea humo parece brujería.

El informe también marca que el salario real proveniente del SIPA se mantuvo en los últimos meses y muestra una mejora en el mediano plazo. La diferencia no es menor, porque ese registro incorpora componentes como premios por productividad, adicionales y horas extra, mientras que el índice salarial tradicional mide conceptos normales y permanentes. Traducido al idioma de la calle, el Gobierno quiere mostrar no sólo lo que dicen las paritarias, sino lo que efectivamente entra en el bolsillo cuando el trabajador cobra todo lo que corresponde.

Otro dato fuerte aparece en el crecimiento del trabajo independiente. Entre noviembre de 2023 y enero de 2026, se incorporaron más de 160 mil trabajadores al régimen de monotributo, alcanzando niveles récord. Para Capital Humano, lejos de representar una forma laboral de menor calidad, el trabajo independiente muestra ingresos competitivos e incluso superiores al empleo asalariado en distintos segmentos. En categorías profesionales y técnicas, la brecha favorable al trabajo independiente se ubica entre el 10 y el 11 por ciento, mientras que en tareas operativas ronda el 4 por ciento.

Ese punto es central para entender el cambio cultural que intenta instalar el oficialismo. La Argentina viene de décadas donde el Estado funcionó como refugio, empleador, intermediario, árbitro, asistente y, muchas veces, freno. Milei busca correr ese eje. La idea no es que todos sean monotributistas ni romantizar la precariedad, sino reconocer que el mundo del trabajo ya no entra entero en el molde sindical, rígido y estatista del siglo pasado. Hay una economía nueva, más dinámica, más individual, más exigente y también más libre. El desafío es darle reglas claras, no aplastarla con formularios, cargas y discursos de museo.

Cordero también vinculó los datos laborales con la transformación de los planes sociales. El Gobierno sostuvo que el viejo cálculo de desempleo omitía un universo de beneficiarios del Potenciar Trabajo que figuraban como ocupados pese a estar fuera del mercado laboral efectivo. Con el programa Volver al Trabajo, la administración libertaria buscó permitir que los beneficiarios pudieran ingresar al mercado formal o informal sin perder automáticamente la asistencia, hasta determinado límite. La señal política es clara: el plan debe ser puente, no estación terminal.

La oposición intentará leer estos números con lupa, y está bien que lo haga. La recuperación todavía no alcanza a todos, el salario sigue golpeado por años de inflación y el empleo argentino arrastra problemas estructurales que no se corrigen con una conferencia de prensa. Pero también sería intelectualmente deshonesto negar que empieza a aparecer una tendencia distinta. Menos economía administrada desde el escritorio, más incentivo a contratar, producir y trabajar. Menos relato de derechos sin financiamiento, más discusión sobre cómo generar riqueza real.

El fondo de la noticia no está sólo en el dato estadístico. Está en la batalla por el sentido común económico. Si el salario empieza a recuperarse sin romper el equilibrio fiscal, si el empleo se expande sin volver al festival de gasto público y si el trabajo independiente encuentra espacio para crecer, el Gobierno habrá conseguido algo más importante que una buena placa de PowerPoint. Habrá empezado a demostrar que la Argentina puede salir del pantano sin volver al manual que la hundió. Y eso, para la vieja política, puede ser más inquietante que cualquier motosierra.

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