El país vuelve a aparecer en el radar global del capital gracias al auge de la minería, los hidrocarburos y el agro, pero un debate de fondo inquieta a empresarios y economistas: el crecimiento exportador no viene acompañado de mayor complejidad productiva, y esa brecha amenaza con condicionar el desarrollo de largo plazo.
Por Morena Cavanay
Argentina exhibe hoy una mejora notable en su frente externo. Los proyectos mineros avanzan, Vaca Muerta consolida su potencial, y las exportaciones encaminan niveles que el país no registraba desde hace años. El Gobierno celebra estos números como señal de una nueva etapa. Sin embargo, desde el sector empresario y académico emerge una advertencia que no debería pasarse por alto: exportar más no alcanza si lo que se exporta es cada vez menos sofisticado.
"Con los recursos naturales no alcanza", advirtió Natalio Grinman, titular de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), durante un evento en el que se presentó un estudio sobre la inserción internacional del país. Para el dirigente, impulsar el desarrollo productivo y agregar valor resulta imposible sin apostar a la educación.
El diagnóstico tiene respaldo empírico. Entre 2011 y 2022 se observó una primarización creciente de la economía argentina: el país pasó de exportar 515 productos con Ventajas Comparativas Reveladas a vender cerca de 380. En términos absolutos, los productos químicos fueron los que experimentaron la mayor pérdida relativa.
Los datos, presentados por Pablo Sivori, economista de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), muestran una tendencia que se aceleró con el paso de los años. Los productos primarios incrementaron su participación en la canasta exportable del 46% al 55%, mientras que las manufacturas de baja tecnología cayeron del 7% al 2% y las de alta tecnología retrocedieron del 2,3% al 1,8%. El conjunto formado por productos primarios, manufacturas basadas en recursos naturales y manufacturas de tecnología media representa actualmente el 90% de las exportaciones argentinas.
"Argentina perdió complejidad económica. Exporta productos con menor complejidad y va hacia un proceso de primarización", enfatizó Sivori. Esta dinámica, además, estuvo acompañada por una pérdida en el nivel de conocimiento técnico y en las capacidades requeridas para producir los bienes exportables.
El rol de China y el cepo como factores explicativos
Sivori señaló que "la profundización de la relación con China llevó a Brasil y Argentina a primarizarse", y grafica el proceso con una imagen elocuente: "Arrancamos vendiendo aceite de soja y terminamos vendiendo porotos".
Juan Pablo Brichetti, economista de FIEL, añadió que la primarización llegó de la mano del cierre de la Argentina al mundo, ya que 2011 fue cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner instaló el cepo cambiario, que fue agravándose hasta condicionar severamente a los importadores hacia mediados de 2012.
El economista de la CAC Matías Bolis Wilson coincidió con el diagnóstico y afirmó que no ve a la economía argentina con un crecimiento sostenido si no se abre al mundo.
Un problema que se distribuye desigualmente
La primarización no afecta a todo el territorio por igual. Las regiones con menor complejidad económica, sobre todo el NOA, el NEA y parte de la Patagonia, son las que presentan peores indicadores de empleo formal, salarios e ingresos fiscales. En esas zonas, la expansión de la agricultura extensiva y de actividades extractivas desplazó a sectores con mayor capacidad de generar valor. Las exportaciones de cereales representan actualmente entre el 30% y el 35% del total exportado, cuando a comienzos de siglo apenas explicaban entre el 2% y el 11%.
Gran parte del procesamiento industrial de esas materias primas se realiza fuera de las regiones productoras, principalmente en la región Centro, donde se concentran las industrias vinculadas a aceites, biocombustibles, maquinaria agrícola, software e insumos tecnológicos. Esta dinámica genera una suerte de "encajonamiento" productivo: las economías que exportan recursos naturales con escaso procesamiento generan menos empleo calificado y dependen crecientemente del sector público para sostener los niveles de ocupación.
El desafío estructural
La diferencia entre un país que crece exportando commodities y uno que se desarrolla a partir de ellos nunca estuvo en el recurso, sino en la capacidad de transformar esa ventaja inicial en productividad, tecnología, conocimiento y nuevas cadenas de valor, señala la economista Mariana Camino, presidenta de Abeceb, en un análisis reciente. La distinción no es menor: exportar litio o cobre genera ingresos; desarrollar la ingeniería, el equipamiento y la automatización que esas industrias demandan genera desarrollo.
La experiencia internacional muestra que los países que lograron sostener procesos de crecimiento de largo plazo fueron aquellos capaces de transformar recursos naturales en cadenas productivas más complejas, incorporando conocimiento, innovación y manufacturas.
El debate cobra particular urgencia en un momento en que la economía argentina profundiza su especialización en litio, petróleo de Vaca Muerta y productos agropecuarios. "La evidencia empírica permite concluir que nuestro país muestra un estancamiento en la diversificación y complejidad de su canasta exportadora, con una creciente primarización que ha limitado el desarrollo de capacidades productivas y tecnológicas de mayor valor agregado", concluye el estudio de la UNTREF.
El ingreso de divisas es necesario y bienvenido. Pero si Argentina no construye productividad alrededor de sus recursos naturales, el ciclo exportador de esta década puede terminar siendo un alivio temporal antes que una transformación estructural.
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