Islamabad afirma que sus ataques mataron a 26 milicianos del TTP, pero la misión de Naciones Unidas y las autoridades afganas coinciden en que las víctimas fueron civiles, en su mayoría niños. La ofensiva rompió un mes de calma en la frontera.
Por Francisco Taborda Chaud
La misión de las Naciones Unidas en Afganistán confirmó este jueves la muerte de 13 civiles —en su mayoría niños y mujeres— a causa de los bombardeos que Pakistán lanzó el miércoles sobre el este del país. La verificación del organismo internacional respaldó la versión de las autoridades afganas y contradijo el relato de Islamabad, que sostiene haber alcanzado únicamente objetivos militares.
Los ataques aéreos se concentraron en las provincias fronterizas de Khost, Kunar y Paktika, y fueron los más letales en varias semanas. Según el portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid, entre los muertos había 11 niños, una mujer y un hombre de edad avanzada, mientras que otros 14 civiles resultaron heridos. Kabul calificó la ofensiva como un "crimen humanitario" y una violación de su soberanía.
La versión paquistaní difiere por completo. El ministro de Información, Attaullah Tarar, aseguró que el ejército ejecutó ataques "precisos y calibrados" sobre escondites del Tehrik-i-Taliban Pakistán (TTP), el grupo armado que opera contra el Estado paquistaní desde el lado afgano de la frontera. Según su relato, la operación dejó 26 milicianos muertos y destruyó cuatro objetivos, entre ellos un centro de entrenamiento y un depósito de municiones, sin mencionar bajas civiles. En un primer momento, Islamabad había desestimado como "propaganda" las denuncias afganas.
Los testimonios recogidos sobre el terreno reforzaron la versión de las víctimas civiles. Un funcionario de la provincia de Khost relató a la agencia AFP que una vivienda del distrito de Spera fue alcanzada, con un saldo de nueve muertos y diez heridos. En la vecina Paktika, residentes del distrito de Barmal aseguraron que otro ataque mató a tres civiles cuando impactó contra una casa.
Pakistán justificó la operación como una represalia. Tarar la vinculó a una serie de atentados recientes en su territorio, entre ellos un ataque contra un puesto de la Constabularia Federal el 9 de junio, un atentado suicida con vehículo en Waziristán del Norte a comienzos de mes y otro contra una comisaría en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa. La ofensiva llegó, además, un día después de que presuntos combatientes del TTP atacaran un puesto de seguridad en el noroeste paquistaní, en un enfrentamiento que dejó seis miembros de la Constabularia Federal muertos.
El episodio se inscribe en un conflicto que no deja de escalar desde que los talibanes recuperaron el poder en 2021. Islamabad acusa a Kabul de dar refugio a los combatientes que atacan suelo paquistaní, en particular al TTP, mientras que el gobierno afgano niega esos señalamientos y reprocha a su vecino la violación reiterada de su soberanía. La tensión se agravó de forma marcada a fines de febrero, cuando Afganistán respondió con un ataque transfronterizo a los bombardeos paquistaníes.
El costo humano de esa confrontación ya es considerable. Según datos de la ONU, los enfrentamientos en la frontera dejaron al menos 372 civiles afganos muertos y 397 heridos solo en los tres primeros meses de 2026. Un frágil alto el fuego alcanzado en marzo se derrumbó poco después, con acusaciones cruzadas de incumplimiento.
Los bombardeos del miércoles quebraron más de un mes de relativa calma y reavivaron el temor a un nuevo ciclo de violencia entre los dos países. Con las versiones oficiales enfrentadas y la cifra de víctimas civiles ya confirmada por Naciones Unidas, la frontera afgano-paquistaní vuelve a perfilarse como uno de los focos de tensión más volátiles de la región.
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