La estrategia le permite a Luis Caputo acumular divisas a tasas bajas y despejar el horizonte de vencimientos del corto plazo.
Por Taborda Chaud Francisco
El Tesoro volvió a retirar pesos del mercado en su última licitación de mayo y consolidó un sesgo monetario contractivo que, por ahora, deja en suspenso la promesa oficial de liberar liquidez para impulsar los préstamos.
En la colocación del miércoles, el Ministerio de Economía adjudicó $12,57 billones sobre vencimientos por unos $11 billones, lo que equivale a un rollover del 114%. Con ese resultado, Finanzas no solo renovó el total de los compromisos, sino que absorbió una suma neta cercana a $1,58 billón. A eso sumó u$s350 millones obtenidos mediante los bonos en dólares —u$s200 millones por el Bonar 2027 y u$s150 millones por el Bonar 2028—, a los que el equipo económico prevé agregar otros u$s200 millones en la segunda vuelta.
El dato relevante no es solo el volumen, sino la orientación. El Gobierno había anticipado que, una vez disipada la incertidumbre de las elecciones legislativas del año pasado, el Tesoro renovaría por debajo del 100% de los vencimientos para dejar de competir con el sector privado y volcar pesos hacia el crédito. Caputo llegó a celebrar, a mediados del año pasado, que "los bancos volvieron a trabajar de bancos". Sin embargo, la práctica de 2026 fue la contraria: en casi todas las licitaciones predominó la absorción de liquidez.
Detrás del giro está la decisión de sostener la desinflación. El presidente Javier Milei adelantó ante empresarios que profundizaría el sesgo contractivo de la política monetaria para asegurar la baja sostenida del índice de precios. La lectura que circula entre los economistas es que el ministro, pese a su discurso sobre la recuperación de la demanda de pesos, todavía percibe un equilibrio frágil y prefiere no arriesgar que el exceso de liquidez presione sobre el dólar o la inflación.
La maniobra también tiene una contracara monetaria. Cada peso que el Tesoro retira neutraliza la expansión que genera el Banco Central al comprar divisas en el mercado. La autoridad monetaria que conduce Santiago Bausili viene acelerando esas compras —en mayo lleva adquiridos unos u$s1.947 millones, con dos ruedas todavía por delante— en un contexto de fuerte ingreso de dólares por exportaciones. Las cifras de pesos absorbidos por Finanzas desde marzo, en torno a $3 billones mensuales, guardan un paralelo casi exacto con esa emisión.
El otro objetivo de la estrategia es el financiamiento en moneda dura. Con la segunda vuelta de esta semana, Caputo habrá acumulado más de u$s3.000 millones a través de su nuevo bono suscribible en dólares, distribuido en siete colocaciones. Lo que entusiasma al ministro es el costo: los títulos a 2027 pagan una tasa efectiva anual de 5,12% y los de 2028, 8,49%, niveles muy por debajo del más de 10% que le costaría financiarse en el mercado global de crédito.
Esa liquidez le da margen. El Tesoro dispone de unos $13 billones en su cuenta, suficientes para comprarle al Banco Central las divisas que captura mes a mes sin agotar sus recursos. La holgura resulta clave de cara al calendario: entre julio y septiembre se acumulan obligaciones por u$s4.400 millones con bonistas del mercado, u$s1.613 millones con el Fondo Monetario Internacional y u$s1.529 millones con otros organismos. Bajo el escenario base que manejan los analistas, las necesidades de caja del trimestre rondarían los u$s6.170 millones.
Es una cifra que impresiona, pero la facilidad con la que el ministro consigue dólares en el mercado doméstico, sumada al respaldo del Banco Central, mantiene despejado el panorama financiero inmediato. El costo de esa tranquilidad, para empresas y familias que esperaban más crédito disponible, es una espera que se prolonga.