El gobierno de Keir Starmer sangra por seis heridas abiertas en menos de un mes. Ministros que se van con cartas demoledoras, legisladores propios que piden su renuncia y un partido que ya especula con sucesor: Wes Streeting, Andy Burnham, Angela Rayner. El detonante más reciente fue el ministro de Defensa, John Healey, quien acusó a Starmer de dejar al país sin los recursos para defenderse
Por MORENA CAVANAY
El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta la peor crisis de su mandato. La dimisión del ministro de Defensa, John Healey, por una disputa sobre el gasto militar, sumó una nueva baja a un gabinete que en el último mes perdió a seis integrantes. El episodio llega en un momento especialmente delicado: a pocas semanas de la cumbre de la OTAN en Ankara, donde las apuestas geopolíticas son altas, y con la credibilidad del líder laborista cuestionada dentro de sus propias filas.
Una cadena de renuncias que no para
La cadena de dimisiones comenzó el 12 de mayo, cuando cuatro secretarios de Estado abandonaron sus cargos en un mismo día, en la estela de los peores resultados electorales municipales y regionales para un primer ministro británico en más de tres décadas: Miatta Fahnbulleh (Comunidades), Jess Phillips (Salvaguardia), Alex Davies-Jones (Violencia contra la mujer) y Zubir Ahmed (Innovación en salud). Fahnbulleh afirmó que los votantes habían "perdido la fe y la confianza en el primer ministro", mientras que Davies-Jones instó a Starmer a fijar un calendario para su salida "en interés del país".
Esos comicios beneficiaron sobre todo a los populistas de Reform UK y a los nacionalistas de Gales y Escocia. Dos días después, el 14 de mayo, el secretario de Sanidad, Wes Streeting, dimitió con una frase que circuló por todo Whitehall: "donde necesitamos visión, hay un vacío". Poco después anunció su intención de presentarse a las primarias del Labour, convirtiéndose así en el primer aspirante declarado a suceder a Starmer.
Estas salidas se suman a una serie de bajas que vienen erosionando al gobierno desde su llegada al poder en julio de 2024. Entre las más resonantes figura Angela Rayner, quien hasta septiembre de 2025 era viceprimera ministra, y renunció tras una investigación por irregularidades fiscales en la compra de una vivienda. Anneliese Dodds dejó la cartera de Desarrollo Internacional en protesta por los recortes al presupuesto de ayuda exterior, y Lord Mandelson fue destituido como embajador en Washington tras revelarse la profundidad de su vínculo con el financiero Jeffrey Epstein.
La última en llegar fue también la más simbólica. Healey presentó su renuncia tras una disputa sobre el retraso del Plan de Inversión en Defensa, la hoja de ruta prometida para la inversión y la preparación militar del país. En su carta al primer ministro fue directo: señaló que Starmer no había sido capaz, y que el Ministerio de Hacienda no había estado dispuesto, a destinar los recursos que la nación necesita para defenderse en un momento de crecientes amenazas. Poco después de conocerse su salida, el viceministro de las Fuerzas Armadas, Al Carns, también anunció su dimisión.
El nudo del presupuesto
El punto de quiebre fue concreto: Starmer ofreció a Healey un aumento del gasto en defensa hasta el 2,68% del PIB para 2030, una suba apenas marginal respecto al 2,6% proyectado para el año siguiente. Para Healey, esa cifra era insuficiente. En comparación, Alemania tiene previsto destinar el 3,7% de su PIB a defensa para ese mismo año.
Starmer rechazó las críticas y reiteró su intención de continuar al frente del gobierno. En una entrevista con la BBC, el primer ministro subrayó que no renunciaría al compromiso adquirido con los británicos en 2024 y que la defensa es la prioridad número uno de su Ejecutivo, aunque reconoció que enfrenta revisiones presupuestarias antes de que termine la legislatura. También descartó abrir un proceso de primarias en el Partido Laborista, advirtiendo que eso "sumiría al país en el caos", aunque aclaró que si dicho proceso se abriera, "luchará" por retener el liderazgo.
Sin embargo, el argumento no convenció a todos dentro de su propio partido. Fred Thomas, legislador laborista y ex miembro de los Royal Marines, afirmó que el Reino Unido necesita un líder con convicción, confianza y coraje, y sostuvo que el ejército británico simplemente no está preparado para las amenazas actuales.
Las apuestas internacionales
Las repercusiones de la crisis se extienden al plano internacional. Analistas del Royal United Services Institute (RUSI) advirtieron que la dimisión de Healey asesta un golpe de gracia a la credibilidad del gobierno en materia de defensa, y que las consecuencias a nivel internacional son graves dado que la cumbre de la OTAN está a solo semanas de distancia. Washington, por su parte, ha intensificado la presión sobre los aliados europeos para que cumplan sus compromisos en materia de seguridad, y funcionarios estadounidenses dejaron en claro que un paquete de financiación muy inferior al esperado enviaría una señal negativa a Trump antes de la reunión de Ankara.
La responsable de la Confederación de la Industria Británica alertó que la creciente especulación sobre posibles subidas de impuestos durante una disputa por el liderazgo podría derivar en un verano de "deriva y conjeturas", perjudicando la confianza empresarial en un momento en que hay decisiones críticas pendientes sobre aranceles, relaciones con la Unión Europea y política energética.
Starmer ya cuenta con un nuevo ministro de Defensa, Dan Jarvis, ex oficial paracaidista. Entre los nombres que surgen como posibles sucesores aparecen Wes Streeting, Andy Burnham —quien se presenta el 18 de junio a una elección parcial para obtener el escaño parlamentario que necesita para postularse— y Angela Rayner, que conserva respaldo en el ala izquierda del partido. Pero el dilema de fondo no ha cambiado: la falta de liquidez, las exigencias políticas y financieras contrapuestas y un partido reacio a recortar el gasto en servicios públicos configuran un problema estructural que, según los analistas, persistirá con independencia de quién ocupe el número 10 de Downing Street.
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