El Patriota

01/05/2026
Política 30/04/2026
El PRO se sube tarde

Jorge Macri descubrió el orden sanitario después de que Milei cambiara la agenda

Jorge Macri defendió el cobro a extranjeros en hospitales porteños y aseguró que la Ciudad dejó atrás los “tours sanitarios”. La medida puede ser razonable, pero deja expuesto algo más incómodo para el PRO: después de años administrando CABA, ahora corre detrás de una agenda que Javier Milei ya instaló con mucha más claridad política.

Jorge Macri salió a defender el cobro a extranjeros en los hospitales públicos porteños y buscó vestir la medida con tono de gestión firme. Durante una recorrida por el Hospital Fernández, junto al ministro de Salud Fernán Quirós, aseguró que la Ciudad pasó de financiar “tours sanitarios” a invertir esos recursos en obras. La frase pega, ordena el mensaje y conecta con una demanda real de muchos vecinos: que el sistema público priorice a quienes viven, trabajan y pagan impuestos en la Ciudad. El problema para el jefe de Gobierno es otro: lo dice como si el PRO acabara de descubrir el concepto de responsabilidad fiscal después de casi dos décadas gobernando CABA.

La medida tiene sentido, pero también desnuda una tardanza política difícil de maquillar. Jorge Macri intenta mostrarse como el dirigente que pone orden, cobra lo que corresponde y cuida los recursos porteños. Muy bien. Ahora bien: ¿por qué recién ahora? ¿Por qué el PRO, que gobernó la Ciudad durante años con presupuesto, estructura, mayoría política y relato de eficiencia, necesitó que Javier Milei rompiera la conversación nacional para animarse a decir que el Estado no puede ser una canilla libre? El mérito de la idea parece menos amarillo que violeta.

Ahí está el punto que incomoda en Uspallata. El PRO porteño se acostumbró a administrar el poder como si CABA fuera una escribanía prolija, no una capital política. Mucha bicisenda, mucho render, mucho cartel de obra y bastante marketing de cercanía, pero poca voluntad para discutir de fondo quién paga la fiesta. Milei cambió el clima: puso sobre la mesa el costo del Estado, el abuso de los recursos públicos y la prioridad del contribuyente. Jorge Macri, más que liderar esa agenda, parece estar corriendo atrás del camión para no quedar fuera de la foto.

El caso del Hospital Fernández le sirve al gobierno porteño como vidriera. La Ciudad afirma que los fondos recuperados por atención a extranjeros, obras sociales y prepagas se reinvierten en infraestructura sanitaria, nuevas áreas de atención y mejoras en la red pública. En términos de gestión, el argumento es fuerte: si el Estado cobra mejor, puede invertir mejor. Pero en términos políticos, el mensaje tiene un costado incómodo: después de años de vender eficiencia, el PRO admite que había recursos que no se estaban recuperando como correspondía. A veces la gestión también confiesa cuando intenta defenderse.

El discurso de Jorge Macri busca sonar duro, pero todavía carga con el tono calculado del viejo PRO: decir lo justo, incomodar poco y tratar de quedar bien con todos. Esa fórmula funcionó cuando la política argentina premiaba la moderación estética. Pero el país cambió. Hoy la discusión es más cruda: o el Estado se ordena, o lo siguen pagando siempre los mismos. En ese terreno, La Libertad Avanza corre con ventaja porque no necesita pedir perdón por plantear lo evidente. El PRO, en cambio, todavía parece mirar de reojo a sus propios votantes antes de animarse a decir lo que ellos ya piensan hace rato.

En la Legislatura porteña, Pilar Ramírez aparece como una de las voces que mejor interpreta ese nuevo clima. La dirigente libertaria entendió que en CABA ya no alcanza con gestionar el piloto automático heredado: hay que discutir privilegios, cajas, prioridades y sentido común. Mientras el PRO intenta reciclarse con lenguaje de orden, Ramírez representa una línea más nítida, menos acomplejada y más coherente con la agenda que Milei instaló a nivel nacional. Esa es la verdadera amenaza para Jorge Macri: no que le critiquen una medida, sino que le marquen que llegó tarde.

Porque el problema del PRO no es sólo ideológico; es de identidad. Durante años se presentó como la fuerza moderna, eficiente y republicana. Pero cuando apareció una fuerza que habló sin anestesia de déficit, gasto, privilegios y contribuyentes, el amarillo empezó a desteñir. Jorge Macri ahora intenta apropiarse del vocabulario del orden, pero su espacio gobernó la Ciudad el tiempo suficiente como para no poder hacerse el sorprendido. Si había “tours sanitarios”, alguien los permitió. Y si alguien los permitió, no alcanza con inaugurar una obra para borrar la pregunta.

La izquierda y el kirchnerismo seguramente responderán con el manual de siempre: hablarán de exclusión, xenofobia, ajuste y crueldad. Es previsible. Cada vez que alguien pregunta quién paga, aparece la patrulla moral con el megáfono. Pero la discusión real no pasa por abandonar emergencias ni por negar atención humanitaria. Pasa por algo mucho más simple: la solidaridad no puede ser una excusa para que el contribuyente porteño financie sin límite una demanda que excede a la Ciudad. La salud pública se defiende cuidando sus recursos, no convirtiéndola en eslogan para quedar bien en una asamblea.

La medida, entonces, puede ser correcta. Pero políticamente deja a Jorge Macri en un lugar incómodo: el de un dirigente que intenta parecer audaz después de que otro cambió las reglas del debate. Milei instaló el orden como frontera moral entre la política vieja y la nueva. Pilar Ramírez lo expresa en la Ciudad con más claridad que un PRO que todavía actúa como gerente de una marca cansada. Jorge Macri podrá mostrar números, obras y frases fuertes. Pero la sensación que queda es difícil de esquivar: cuando el PRO finalmente se anima a tocar el timbre del sentido común, La Libertad Avanza ya está adentro tomando mate.

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