El estrecho de Ormuz volvió a quedar en el centro de la crisis energética global. La tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó fuertes movimientos en el precio internacional del petróleo y reactivó las alarmas sobre una posible interrupción del comercio marítimo en una de las rutas más sensibles del mundo.
Por esa vía marítima circula cerca del 20% del petróleo comercializado globalmente y una parte importante del mercado de gas natural licuado (GNL), según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). El organismo considera al estrecho como uno de los principales puntos críticos para el abastecimiento energético mundial.
En las últimas semanas, el Brent, referencia internacional del petróleo, mostró una fuerte volatilidad. Después de superar momentáneamente los USD 110 por barril en medio de la escalada militar, retrocedió tras señales de posibles negociaciones diplomáticas impulsadas desde Washington. Aun así, el mercado sigue operando con fuerte incertidumbre mientras persista el riesgo sobre la navegación en la región.
Consultoras y bancos internacionales advirtieron además que una interrupción prolongada del tránsito marítimo en Ormuz podría impactar no solo sobre el precio del petróleo, sino también sobre las cadenas logísticas vinculadas al gas y al comercio internacional.
En paralelo, la OPEP+ anunció incrementos de producción para intentar moderar la suba de precios. Sin embargo, los movimientos del mercado siguen dependiendo principalmente de la evolución geopolítica del conflicto.
A más de 13.000 kilómetros del epicentro de la crisis, Argentina aparece en una situación particular. El país no enfrenta riesgos inmediatos de desabastecimiento gracias al crecimiento de la producción en Vaca Muerta, aunque sí queda expuesto al impacto internacional sobre combustibles, costos energéticos e inflación.
Al mismo tiempo, el escenario abre una oportunidad para las exportaciones energéticas argentinas. Durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones del sector alcanzaron USD 2.837 millones, mientras que las importaciones cayeron 35,7% interanual hasta los USD 432 millones, según datos oficiales del INDEC. El saldo comercial energético superó los USD 2.400 millones.
En el sector estiman que un precio internacional del petróleo sostenido en niveles altos podría traducirse en mayores ingresos por exportaciones, regalías y recaudación fiscal. El principal beneficiado sería Vaca Muerta, cuya producción continúa creciendo tanto en petróleo como en gas no convencional.
El problema sigue siendo la infraestructura. La capacidad actual de oleoductos y gasoductos opera cerca de su límite y condiciona la posibilidad de aumentar exportaciones en el corto plazo.
Uno de los proyectos más importantes es Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el oleoducto que conectará la cuenca neuquina con Punta Colorada, en Río Negro. La obra es considerada clave para ampliar la capacidad exportadora de petróleo en los próximos años.
En paralelo, YPF y distintas compañías internacionales avanzan en proyectos vinculados al GNL para exportar gas argentino a gran escala desde la costa atlántica. El objetivo es aprovechar la demanda global de energía en un contexto cada vez más inestable.
Mientras tanto, el encarecimiento internacional del GNL también genera preocupación local. Argentina todavía depende de importaciones para cubrir parte de la demanda energética durante el invierno, especialmente para generación eléctrica.
La evolución del conflicto en Medio Oriente será determinante para el mercado energético durante los próximos meses. Si las negociaciones diplomáticas avanzan, los precios podrían estabilizarse. Pero si persisten los riesgos sobre la navegación en Ormuz, tanto el petróleo como el gas podrían mantenerse en niveles elevados.
Para Argentina, el escenario mezcla oportunidades y riesgos. Los altos precios internacionales potencian el atractivo de Vaca Muerta y favorecen las exportaciones, pero también generan presión sobre combustibles, costos logísticos e inflación. El desafío sigue siendo el mismo: transformar el crecimiento energético en una plataforma exportadora sostenida en el tiempo.
Una filtración sensible del Pentágono expuso una posible revisión del respaldo diplomático de Estados Unidos al Reino Unido por Malvinas. Mientras Londres intenta cerrar rápido la discusión, el Gobierno argentino busca sostener el reclamo de soberanía con una estrategia menos declamativa y más geopolítica.