El Patriota

08/05/2026
Actualidad 07/05/2026
Alineamiento estratégico con Washington en el Atlántico Sur

Milei abordó el portaaviones nuclear USS Nimitz y Argentina realizó ejercicios navales conjuntos con Estados Unidos en el Mar Argentino

El Presidente llegó al buque el 30 de abril en un Grumman C-2 Greyhound desde Aeroparque, acompañado por Karina Milei, el ministro de Defensa Carlos Presti y el canciller Pablo Quirno. El ejercicio PASSEX 2026, autorizado por el Decreto 264/2026, se extendió del 27 al 30 de abril con seis unidades de la Armada Argentina junto a la fuerza de tareas del USS Nimitz.

Portaaviones

En aguas del Atlántico Sur, frente al litoral argentino, unidades de la Armada Argentina y de la Marina de los Estados Unidos llevaron adelante el ejercicio de oportunidad PASSEX 2026, una maniobra que se enmarca en el esquema habitual de cooperación naval bilateral y que se inscribe en un proceso más amplio de reconfiguración de la política de defensa argentina. El despliegue combinó unidades de superficie, medios aeronavales y aeronaves de exploración marítima en un esquema de coordinación táctica orientado a reforzar procedimientos de interoperabilidad en escenarios reales de navegación.


La ejercitación incluyó operaciones de control del mar, ejercicios de comunicaciones, coordinación de patrullas combinadas y procedimientos de reconocimiento aeronaval en un área donde convergen rutas comerciales estratégicas y una intensa actividad pesquera internacional. En ese contexto, la participación de aeronaves de patrulla marítima P-3 Orion y la incorporación progresiva de capacidades asociadas al sistema F-16 Fighting Falcon en la Fuerza Aérea Argentina introducen un cambio relevante en el nivel de integración con estándares operativos utilizados por fuerzas occidentales de alta complejidad, aunque su grado de implementación plena depende del avance del proceso logístico, técnico y doctrinario en curso.


El eje del ejercicio no estuvo puesto en la espectacularidad del despliegue, sino en la capacidad de sostener una arquitectura común de mando, control, comunicaciones e inteligencia táctica. En términos militares, el valor reside en la repetición de procedimientos que permiten a fuerzas distintas operar de manera coordinada, aun cuando mantengan cadenas de mando separadas.


En el ámbito de defensa en Buenos Aires, este tipo de maniobras es interpretado como un indicador de transición doctrinaria. Tras décadas de limitaciones presupuestarias y degradación progresiva de capacidades, la Argentina vuelve a participar en ejercicios donde la interoperabilidad adquiere un carácter más funcional, con estándares más exigentes en planificación, enlace de datos, seguridad de la navegación y coordinación aérea.


Ese proceso se apoya en dos vectores materiales. Por un lado, la incorporación del sistema F-16 Fighting Falcon, que implica un salto cualitativo en la capacidad de combate aéreo y en la integración con procedimientos y estándares de mantenimiento de origen occidental. Por otro, la recuperación de capacidades de exploración marítima de largo alcance mediante aeronaves de patrulla marítima como los P-3 Orion, relevantes para la vigilancia de la Zona Económica Exclusiva y el seguimiento de actividades ilícitas en el Atlántico Sur.


El trasfondo estratégico del PASSEX se vincula directamente con la necesidad de reforzar la presencia efectiva del Estado argentino en su espacio marítimo. En un escenario de creciente presión sobre los recursos pesqueros y mayor competencia por el uso de rutas oceánicas, la capacidad de patrullar, detectar y sostener presencia aeronaval continua se convierte en un componente central de la política de defensa.


En ese marco, la dimensión Malvinas atraviesa de manera estructural la lectura del ejercicio. La presencia naval y aeronaval en el Atlántico Sur no se limita a la vigilancia de la Zona Económica Exclusiva, sino que forma parte del sostenimiento material de una política de Estado vinculada al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes. La disputa, respaldada en el plano diplomático por resoluciones de las Naciones Unidas como la 2065, mantiene vigente el diferendo, mientras que su sustentación práctica también se apoya en la capacidad argentina de ejercer presencia efectiva en el área. En ese sentido, el fortalecimiento de medios navales, aeronavales y de vigilancia constituye un factor operativo que incide en la posición del país en el Atlántico Sur.


Desde la perspectiva de la cooperación internacional, el ejercicio con una fuerza naval estadounidense implica la validación de procedimientos compatibles con doctrinas de empleo avanzadas. Operar junto a un grupo de tareas que puede incluir destructores y otras unidades de alta capacidad exige niveles de coordinación en tiempo real, manejo de información táctica y estándares de seguridad que elevan la exigencia sobre las fuerzas participantes.


En términos logísticos, este tipo de adiestramiento funciona además como una instancia de validación práctica para sistemas en proceso de incorporación. La operación conjunta de plataformas como los F-16 y aeronaves de patrulla marítima requiere sostenimiento técnico, entrenamiento continuo y adaptación doctrinaria para su empleo efectivo en operaciones reales de control marítimo y defensa aérea.


El impacto regional del PASSEX 2026 se inscribe en una tendencia más amplia de retorno de la Argentina a esquemas regulares de cooperación militar con Estados Unidos y otros socios occidentales, incluyendo ejercicios multilaterales como UNITAS. Tras años de participación intermitente y capacidades limitadas, el país vuelve a ocupar un lugar activo en circuitos de adiestramiento donde la interoperabilidad constituye un eje central de planificación operativa.


El alcance de este proceso dependerá, en última instancia, de su continuidad en el tiempo. La consolidación de capacidades aéreas, navales y de vigilancia marítima exige estabilidad presupuestaria, sostenimiento logístico y una política de defensa con horizonte de largo plazo. Sin esos elementos, ejercicios como el PASSEX corren el riesgo de quedar como episodios aislados; con ellos, en cambio, pueden consolidarse como parte de una transformación estructural de la posición argentina en el Atlántico Sur.


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