La República Democrática del Congo atraviesa su peor brote de ébola en años.
El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró este martes estar “profundamente preocupado por la magnitud y la velocidad” con que avanza la epidemia. El balance del ministro de Salud congoleño, Samuel-Roger Kamba, ya asciende a 131 muertes y más de 500 casos sospechosos —un salto significativo frente a los 88 decesos y 336 incidencias que los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades reportaban apenas el día anterior.
El domingo, la OMS elevó la alerta al segundo nivel más alto: declaró que “la enfermedad del ébola causada por el virus de Bundibugyo en la República Democrática del Congo y en Uganda constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional”, aunque aclaró que el brote “no cumple con los criterios” para ser calificado como pandemia.
Lo que distingue este brote de los anteriores es la cepa involucrada. Médicos Sin Fronteras señaló que se trata de solo el tercer brote conocido con esa variante, tras los episodios en Uganda entre 2007 y 2008 y en el Congo en 2012. Es también el decimoséptimo estallido en el país desde 1976.  La tasa de mortalidad asociada a Bundibugyo se estima entre el 25% y el 40%, según Médicos Sin Fronteras.
El problema central es que no existe respuesta médica específica disponible. La OMS destacó que actualmente no existen vacunas aprobadas ni tratamientos específicos para la cepa Bundibugyo, lo que subraya la importancia de acelerar la investigación y los ensayos clínicos. Las vacunas y los tratamientos desarrollados hasta ahora solo son eficaces contra la cepa Zaire, responsable de los brotes más extensos de la historia.
Un virus que ya cruzó fronteras
El epicentro del brote se encuentra en la provincia de Ituri, en el noreste del Congo. La OMS advirtió que el brote probablemente es mayor de lo que se ha detectado, señalando conglomerados de muertes inexplicables, una alta tasa de positividad entre las muestras analizadas y un conocimiento limitado sobre los patrones de transmisión. Al menos cuatro muertes entre trabajadores sanitarios también generaron preocupación.
El epicentro del brote se mantiene en la zona sanitaria de Mongwalu, en Ituri, considerada de extremo peligro epidemiológico por el “enorme movimiento de población” derivado de la inseguridad, las actividades mineras y el intenso comercio con Uganda y Sudán del Sur.
El virus ya llegó a las ciudades. Las autoridades reportaron casos sospechosos en Butembo y un contagio en Goma, una de las ciudades más importantes del este del Congo. Uganda confirmó un caso importado y una muerte vinculada a personas que habían viajado desde la RDC.
El ministro Kamba explicó que parte de la población pensaba “que era una enfermedad mística” y por eso “los enfermos no fueron llevados al hospital”, lo que contribuyó al repunte de los contagios.
La muerte de trabajadores de salud y la aparición de casos en zonas urbanas añaden presión al sistema sanitario. El presidente Félix Tshisekedi pidió a la población mantener la calma y respetar las medidas de contención.
La respuesta internacional
La representante de la OMS en la RDC, Anne Ancia, advirtió que la emergencia sanitaria podría extenderse durante varios meses: “No creo que esta epidemia vaya a terminar en dos meses”, afirmó, recordando que un brote anterior de ébola en el país se prolongó durante dos años.
La OMS anunció la llegada a Bunia, capital de Ituri, de casi siete toneladas de suministros y equipos médicos de emergencia, junto con un equipo de 35 expertos para apoyar la respuesta en primera línea.
La reacción de Washington fue de las más contundentes. El gobierno de Estados Unidos invocó una ley de salud pública vigente desde 1944 —utilizada por última vez durante la pandemia de coronavirus— para limitar durante 30 días la entrada al país de personas que hayan estado en el Congo, Uganda y Sudán del Sur durante las últimas tres semanas.  Un médico misionero estadounidense que trabajaba en el Congo dio positivo al virus y será tratado en Alemania.
El jefe nacional de Oxfam, Manenji Mangudu, señaló que “años de guerra, desplazamientos masivos y recortes en la ayuda han agravado una crisis humanitaria de proporciones alarmantes”, y añadió que esas mismas reducciones “dejaron a la República Democrática del Congo prácticamente ciega ante el ébola, debilitando los sistemas de vigilancia que deberían haber detectado este brote semanas antes”.
El ébola se transmite únicamente por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas que presentan síntomas —sangre, saliva, sudor, vómitos, orina, semen— o con materiales contaminados. No existe evidencia de transmisión aérea. El período de incubación puede extenderse hasta 21 días. En los últimos 50 años, el virus causó más de 15.000 muertes en África. 
La carrera por contener el brote corre contra el tiempo. Cada día que pasa sin una vacuna aplicable, el margen para evitar una expansión regional se estrecha.
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