La Casa Rosada lanzó un ambicioso plan para reposicionar a la industria nuclear en el mercado global, mientras empleados denuncian falta de recursos, salarios en caída y proyectos en riesgo.
Por Clara I. Roveda
El 31 de mayo, en el acto oficial por el 76° aniversario de la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Gobierno presentó los "Lineamientos de la Política Nuclear Argentina 2026", un documento que fija un giro de fondo en la estrategia del sector: de la producción de energía y el desarrollo científico como ejes centrales a la generación de divisas como prioridad explícita. Mientras los funcionarios exponían la nueva hoja de ruta en la sede central del organismo, trabajadores del Centro Atómico Bariloche realizaban una vigilia nocturna para denunciar recortes presupuestarios, sueldos deteriorados y problemas operativos que, según los propios empleados, comprometen proyectos estratégicos del área nuclear.
El acto fue encabezado por el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, que depende del Ministerio de Economía, y por el presidente de la CNEA, Martín Porro. También participaron Juan Martín Campos, presidente de Nucleoeléctrica Argentina S.A.; Darío Guissi, CEO de INVAP; Rodolfo Kramer, CEO de CONUAR; Leonardo Sobehart, presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear; y la directora de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales de la Cancillería, María Jimena Schiaffino.
El documento de 80 páginas establece cuatro objetivos en orden de prioridad: exportaciones nucleares de alto valor agregado, seguridad energética, preservación y desarrollo de capacidades tecnológicas nacionales, y liderazgo regional. El texto aclara que esa jerarquización opera "en sentido fuerte": cuando dos objetivos entren en tensión, prevalece el de mayor rango. En la práctica, la generación de divisas se convierte en el criterio principal para evaluar proyectos e inversiones.
La estrategia apunta a los segmentos donde la Argentina tiene capacidad instalada, conocimiento acumulado y oportunidad de mercado favorable, priorizando aquellos donde la oferta global está concentrada en pocos proveedores y la demanda proyectada supera la capacidad disponible.
Sobre el segundo pilar, la seguridad energética, el documento es explícito en su criterio de evaluación: la incorporación de capacidad nuclear a la matriz eléctrica "se evalúa por su competitividad frente a las alternativas de generación disponibles, y no por consideraciones de prestigio sectorial o de centralidad institucional".
Ramos Napoli subrayó que, por primera vez, Estado y sector privado van a trabajar juntos para potenciar cada eslabón del sector nuclear argentino, y señaló que esa es la fórmula para transformar décadas de conocimiento en crecimiento concreto. Por su parte, el presidente de la CNEA, Martín Porro, afirmó que la institución "ha sabido imponerse en el sector en estos 76 años" pero que es necesario pensar en el futuro: "Tenemos que mejorar y pensar en el día después; qué tenemos pensado como modelo de negocio, sostenible y ejecutable en el tiempo".
El plan también incluye metas concretas para los próximos 18 meses. Entre ellas, la operación de las centrales nucleares y la extensión de vida útil de Atucha I, la puesta en marcha del reactor multipropósito RA-10 con un modelo de operación y comercialización definido, la modernización regulatoria preservando la independencia técnica de la Autoridad Regulatoria Nuclear, y el fortalecimiento del liderazgo regional.
La autocrítica y el lastre del Carem
El documento no esquiva los errores del pasado. Aunque destaca que Argentina integra el grupo reducido de naciones que dominan la totalidad del ciclo del combustible nuclear, sostiene que durante décadas no logró transformar esas capacidades en una industria exportadora de escala. "Lo que el país hizo bien lo sostuvo durante décadas, y lo que hizo mal lo sostuvo también durante décadas", plantea el texto.
La nueva política desplaza el énfasis desde la construcción de reactores hacia la exportación de combustible nuclear de alto valor agregado. En declaraciones previas, Ramos Napoli había cuestionado el reactor Carem 25 —al que cifró en USD 750 millones de costo para el país— y lo asoció a una "liturgia nuclear de la soberanía" sin logros concretos.
El escándalo previo y la salida de Reidel
La presentación llegó tras meses de turbulencias institucionales. El sector atravesó una crisis política por la salida de Demián Reidel de la conducción de Nucleoeléctrica Argentina, una figura cercana al presidente Javier Milei. Su alejamiento se produjo en medio de cuestionamientos internos, denuncias por contrataciones y una disputa creciente entre Nucleoeléctrica, la CNEA y la Secretaría de Asuntos Nucleares. Más tarde, el fiscal federal Ramiro González impulsó una investigación penal por presuntos gastos particulares realizados con tarjetas corporativas durante la gestión de Reidel, a partir de datos suministrados al Congreso por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Bariloche: la otra cara del aniversario
Mientras en Buenos Aires se celebraba el aniversario con autoridades y documentos estratégicos, en Bariloche los trabajadores del Centro Atómico marcaban el mismo hito de otra manera. La noche del sábado 30 de mayo, empleados realizaron una vigilia en el Centro Cívico para visibilizar la situación que atraviesa el organismo: recortes presupuestarios, problemas operativos y deterioro de las condiciones laborales.
Carolina Ayala, delegada de ATE en el Centro Atómico Bariloche, señaló que la situación allí es más compleja que en otras dependencias del organismo. Apuntó que no funcionan los colectivos para el traslado del personal, que hubo un corte de luz de dos días que impidió el fichaje de ingreso, y que los sueldos están por debajo del millón de pesos incluso en puestos que implican trabajo con material radiactivo.
La delegada también advirtió sobre el impacto en proyectos científicos ligados a la medicina nuclear, que representan el 80% de las actividades del Centro Atómico Bariloche, y señaló que algunas líneas de investigación podrían desaparecer por falta de personal especializado.
El contraste entre el acto oficial y la vigilia en la Patagonia resumió, en una misma jornada, la tensión que atraviesa al sector nuclear argentino: un plan de largo aliento que promete exportaciones y apertura privada, sostenido sobre una estructura que sus propios trabajadores describen en estado crítico.
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