Se trata del segundo descenso mensual consecutivo y de la primera vez en el año que el índice perfora el 2%.
La inflación en la Ciudad de Buenos Aires fue de 1,6% en mayo, según informó el Instituto de Estadística y Censos porteño (Idecba).
Con este resultado, el Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires (IPCBA) acumuló un aumento de 12,9% en los primeros cinco meses de 2025 y una suba de 48,3% en los últimos doce meses.
Además, fue el registro mensual más bajo desde junio de 2020, cuando la inflación porteña había sido de 1,4%.
La desaceleración se consolidó luego de que el índice marcara 3,2% en marzo y 2,3% en abril. En enero había sido de 3,1% y en febrero de 2,1%.
Los principales aumentos del mes se registraron en las divisiones de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; salud; información y comunicación; y alimentos y bebidas no alcohólicas.
Por tipo de bien, los precios de los bienes aumentaron 0,8%, mientras que los servicios subieron 2%. Dentro del rubro alimentos se destacaron los incrementos en carnes, panificados y lácteos, aunque algunas bajas en frutas y verduras contribuyeron a moderar el índice general.
El dato de la Ciudad anticipó la tendencia que luego reflejó la medición nacional. Días después, el INDEC informó que la inflación de mayo fue de 1,5%, el nivel más bajo desde mayo de 2020 y el menor registro fuera del período de pandemia desde noviembre de 2017.
A nivel nacional, los precios acumularon un incremento de 13,3% en los primeros cinco meses del año y de 43,5% en los últimos doce meses.
Según el INDEC, la desaceleración estuvo impulsada principalmente por la caída de los precios estacionales y por una moderación en los precios regulados. En cambio, la inflación núcleo se mantuvo por encima del índice general, una señal de que todavía persisten presiones inflacionarias en distintos sectores de la economía.
Los próximos meses mostrarán si la tendencia descendente logra consolidarse o si la inflación encuentra un piso más difícil de perforar.
El país vuelve a aparecer en el radar global del capital gracias al auge de la minería, los hidrocarburos y el agro, pero un debate de fondo inquieta a empresarios y economistas: el crecimiento exportador no viene acompañado de mayor complejidad productiva, y esa brecha amenaza con condicionar el desarrollo de largo plazo.