Un informe presentado por el vicepresidente del BCRA reconoce que el crecimiento está concentrado en agro, energía y minería, y explica por qué la conducción económica confía en que eso cambiará. No todo el mundo comparte esa lectura.
El Banco Central presentó este martes su informe monetario mensual de mayo. Lo expuso Vladimir Werning, vicepresidente de la entidad, y el diagnóstico que ofrece el documento va más allá de los datos habituales de precios y reservas: es, en buena medida, una defensa de la estrategia económica del Gobierno para la segunda mitad del año.
El punto central es conocido pero el Central lo pone en negro sobre blanco con más franqueza que en informes anteriores. El crecimiento de 2026 está traccionado por tres sectores —agro, energía y minería— que avanzan a un ritmo dos o tres veces superior al promedio de la economía. La proyección oficial para el PBI es del 3,5%, pero ese número coexiste con industria, construcción y comercio que siguen planchados o directamente en caída.
La pregunta que organiza el informe es cuándo y cómo eso se revierte. La respuesta oficial es la del derrame: los sectores que crecen fuerte demandan insumos, transporte, infraestructura y servicios. Ese encadenamiento, sostiene el BCRA, irá generando trabajo y actividad en las ramas que hoy se quedan afuera.
No es un argumento nuevo. En la Argentina, la teoría del derrame tiene historia y tiene detractores. Lo llamativo esta vez es quién la defiende: el Banco Central, cuyo cierre fue una promesa de campaña de Javier Milei, y que ahora oficia de arquitecto teórico del modelo de crecimiento.
Los otros motores que el Gobierno espera activar
Sobre la inversión privada, el informe no esconde que bajó en los últimos meses. La explicación oficial es la incertidumbre preelectoral. Pero el BCRA sostiene que el financiamiento corporativo —tanto en el mercado local como en el externo— ya muestra señales de recuperación, y que eso anticiparía el próximo impulso del ciclo expansivo.
El documento también aborda un cambio más silencioso pero relevante para el mundo empresario: la transición a un régimen de baja inflación redefine la lógica de los márgenes. Cuando los precios suben rápido, parte de la rentabilidad viene del descalce entre lo que se vende y lo que se repone. Eso se acaba. De acá en más, dice el Central, la ecuación pasa por el volumen y la rotación, no por la velocidad de remarcación. Las empresas que no lo entiendan a tiempo van a sufrir el ajuste.
La baja del riesgo país suma otra variable: los retornos que antes se justificaban con un riesgo elevado dejan de ser sostenibles cuando ese riesgo cae.
Inflación: ¿debajo del 2% antes de agosto?
En materia de precios, el informe mantiene el tono optimista. El índice de la Ciudad de Buenos Aires marcó 2,1% en mayo, y el Relevamiento de Expectativas de Mercado estimó un 2,3% para el dato nacional del mismo mes. La proyección del Central es que la inflación siga bajando y perfore el 2% mensual en agosto. El economista Fernando Marull, entre otros, cree que eso podría ocurrir incluso en junio.
Werning atribuyó los repuntes inflacionarios recientes a factores transitorios y acotados: la tensión preelectoral del año pasado, el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre el precio de los combustibles y la suba internacional de la carne que se filtró al mercado doméstico.
Lo que el informe no responde —y es la pregunta que más resuena fuera del BCRA— es cuánto tarda ese derrame en materializarse. Los sectores rezagados llevan más de un año esperando que el crecimiento les llegue. Por ahora, los números siguen siendo los mismos: algunos sectores corren, el resto espera.
La Secretaría de Agricultura publicó el listado de bienes que califican para amortización acelerada en Ganancias y devolución de créditos de IVA bajo el régimen creado por la ley 27.802.