Tras el pico de 3,4% en marzo, las estimaciones privadas convergen en una desaceleración que rompería una racha de diez meses de aceleración consecutiva. La clave estuvo en la moderación de alimentos y el fin del shock estacional de educación. La pregunta es si el alivio se sostendrá en mayo.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicará el próximo jueves 14 de mayo a las 16 horas el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril. Antes de que llegue el dato oficial, las consultoras privadas anticipan un resultado que el equipo económico del Gobierno de Javier Milei viene esperando desde hace meses: la primera desaceleración mensual de la inflación en casi un año.
Las estimaciones relevadas en los últimos días muestran un rango entre 2,4% y 2,8%, con la mayoría de los analistas concentrada en torno al 2,5%. Los números por consultora son los siguientes. C&T Asesores Económicos midió un 2,4% para el Gran Buenos Aires y estima que, de confirmarse ese dato, la inflación interanual retrocedería de 32,6% a 32,1%. Equilibra coincide en el 2,4% y remarca que en la cuarta semana de abril la inflación semanal fue de apenas 0,1%, el valor más bajo desde junio de 2025. EcoGo proyecta un 2,5%, con alimentos consumidos dentro del hogar creciendo al 2,1% en el mes. Orlando Ferreres y Asociados (OJF) estima 2,6% mensual con un crecimiento interanual del 30,7%. Fundación Libertad y Progreso apunta al 2,7%. Analytica y PxQ se ubican en 2,8%, en el techo del rango. El propio REM del Banco Central había anticipado una inflación de 2,6% para el mes.
De confirmarse cualquiera de estas proyecciones, abril marcaría la primera baja mensual del IPC desde mayo de 2025, cuando la variación había sido del 1,5%. La secuencia de los últimos meses ilustra la dinámica que el Gobierno venía enfrentando: enero 2,9%, febrero 2,9%, marzo 3,4%. La aceleración de marzo se explicó principalmente por el rubro Educación (12,1%), Regulados (5,1%) y Transporte (4,1%), este último traccionado por los combustibles. La inflación acumulada del año en los tres primeros meses llegó al 9,4%.
El cambio de tendencia en abril responde a factores concretos. El principal es la moderación en Alimentos y bebidas, el componente de mayor peso dentro de la canasta. C&T midió un aumento cercano al 1% en este rubro durante abril, luego de dos meses consecutivos con incrementos superiores al 3%. La carne, que había sido uno de los motores de la suba de precios en los meses anteriores, frenó su escalada. El promedio de las últimas cuatro semanas en alimentos de supermercados se ubicó en apenas 1,2%, según Analytica.
También contribuyó la moderación del tipo de cambio. El dólar mayorista operó a la baja durante abril, lo que quitó presión directa sobre los costos de producción e importación. Otro factor fue el efecto estacional: marzo concentra históricamente los aumentos de Educación por el inicio del ciclo lectivo. En abril ese rubro moderó su suba a cerca del 5%, luego del salto del 12,1% del mes anterior. La inflación núcleo, que excluye regulados y estacionales y es la que mejor refleja la dinámica de fondo, desaceleraría del 3,2% de marzo al 2,0% en abril, según Equilibra.
El dato positivo convive con advertencias. Los analistas marcan que la desaceleración de abril tiene un componente estacional significativo y que el piso de la inflación mensual sigue sin ceder de manera estructural por debajo del 2%. “La dinámica de fondo muestra más estabilidad que cambio: ya son cinco meses con una inflación núcleo en un rango relativamente acotado, entre el 2,6% y el 3,2%”, advirtió un economista consultado por El Cronista. El consenso de mercado proyecta una inflación anual para 2026 de alrededor del 30%, un nivel que se ubica muy por encima de la meta oficial.
El frente externo agrega incertidumbre sobre mayo. La guerra en Oriente Medio y el conflicto en el Estrecho de Ormuz ya se reflejaron en los combustibles durante abril, y los analistas anticipan que ese efecto se profundizará en el mes en curso. La consultora Economía y Energía alertó que las importaciones de GNL y gasoil para el pico invernal de 2026 se encarecerán cerca del 30% por el conflicto. Los combustibles, las tarifas de servicios y las negociaciones salariales de los próximos meses configuran un escenario donde el descenso de la inflación podría ser más lento de lo esperado.
El Gobierno venía proyectando que a partir de agosto la inflación mensual comenzaría con cero. Ese objetivo luce hoy difícil de alcanzar en ese plazo, aunque los funcionarios del equipo económico mantienen que la tendencia bajista de fondo permanece intacta. El propio Milei, al conocerse el IPC de marzo, reconoció en sus redes que “el dato es malo”, pero agregó que existen “elementos duros que nos permiten explicar lo que ha pasado y especialmente esperar que a futuro la inflación retorne a su sendero decreciente”.
El dato del 14 de mayo llegará en un momento políticamente sensible. El Gobierno enfrenta el segundo semestre con negociaciones salariales que buscan recuperar el poder adquisitivo real, presiones tarifarias en energía y transporte, y un contexto internacional volátil. Si la inflación de abril confirma la desaceleración proyectada por las consultoras, el equipo económico tendrá un argumento concreto para sostener que el plan desinflacionario avanza, aunque con una velocidad diferente a la prometida.
El indicador pasó de los 1.923 puntos básicos en diciembre de 2023 a operar en el rango de los 540 a 580. La baja sostenida abre la puerta al regreso de la Argentina a los mercados internacionales tras siete años de aislamiento.
Wall Street cerró en baja y el petróleo Brent saltó con fuerza después de nuevos ataques atribuidos a Irán en el Golfo Pérsico. El conflicto volvió a mostrar una verdad incómoda: cuando Medio Oriente se prende fuego, el impacto no queda lejos. Puede llegar a los combustibles, los fletes, la inflación y el margen de maniobra de países frágiles como la Argentina.
El Gobierno difundió indicadores positivos sobre salario, empleo y participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Detrás de los números aparece una idea de fondo cada vez más clara: menos dependencia del Estado y más protagonismo del trabajo privado.