Lula y la primera ministra Takaichi anunciaron el inicio formal de un Acuerdo de Asociación Económica entre el bloque sudamericano y la cuarta economía del mundo. La guerra en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz aceleraron una negociación que llevaba años sin despegar.
Japón y el Mercosur abrieron este martes una negociación que ambas partes venían postergando desde hace años. Luiz Inácio Lula da Silva y la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se reunieron en Évian, Francia, en el marco de la cumbre del G7, y anunciaron el inicio formal de conversaciones para un Acuerdo de Asociación Económica, figura que equivale a un tratado de libre comercio.
La oficina de Takaichi lo confirmó en un comunicado: "Los dos líderes acogieron con satisfacción la publicación de una declaración conjunta en la que se anuncia el inicio de las negociaciones sobre el Acuerdo de Asociación Económica entre Japón y el Mercosur." Ambos mandatarios expresaron su expectativa de alcanzar un acuerdo "mutuamente beneficioso" y de fortalecer los lazos económicos entre las dos regiones.
Lula fue más directo. "Estoy muy feliz con esta perspectiva de un acuerdo entre Japón y el Mercosur. Estamos esperándolo con mucha intensidad", dijo al término del encuentro, el primero que sostiene con Takaichi. Y marcó un horizonte concreto: "Espero que en la próxima reunión del Mercosur podamos tener buenas noticias", en referencia a la cumbre del bloque prevista para el 30 de junio en Asunción.
El camino hasta aquí no fue abrupto. En diciembre de 2025, ambas partes firmaron un Marco de Asociación Estratégica para ampliar la cooperación en comercio, inversiones, transición energética y seguridad económica. En enero se celebró la primera reunión técnica en Asunción —con la participación del canciller paraguayo Rubén Ramírez y funcionarios del Ministerio de Exteriores japonés—, y en marzo hubo un segundo encuentro en el marco de la conferencia de la Organización Mundial del Comercio en Camerún.
Lo que terminó de darle urgencia política al proceso fue la guerra en Oriente Medio. El cierre del estrecho de Ormuz desde fines de febrero —consecuencia del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán— golpeó directamente a Japón, que depende de esa ruta para cerca del 90% de sus importaciones de crudo. Las autoridades japonesas debieron recurrir a sus reservas estratégicas para compensar la interrupción del suministro, y la vulnerabilidad quedó expuesta sin margen para ignorarla.
Frente a ese escenario, el Mercosur se convirtió en una prioridad. Según el diario económico japonés Nikkei, las conversaciones apuntarán a reducir aranceles sobre automóviles —rubro central de las exportaciones japonesas— y a diversificar las fuentes de petróleo y minerales críticos para Tokio. Brasil, noveno productor mundial de crudo, figura como el interlocutor energético central del bloque, y el tema de las exportaciones de petróleo brasileño al mercado japonés ya fue abordado en encuentros previos entre autoridades de ambos países.
Para Takaichi, que el 21 de octubre pasado se convirtió en la primera mujer en encabezar un gobierno japonés, este sería el primer gran acuerdo comercial de su gestión. El Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay —con Bolivia en la fase final de adhesión—, representa casi 300 millones de personas y un producto interno bruto combinado superior a los tres billones de dólares.
El anuncio en el G7 se suma a una serie de acercamientos que el bloque ha sostenido en paralelo con Canadá, los Emiratos Árabes Unidos, Vietnam e Indonesia. La firma del acuerdo con la Unión Europea en enero, en Asunción, marcó el punto de inflexión: desde entonces, el interés de terceros países por sentarse a negociar con el Mercosur no ha hecho más que crecer. La llegada de Japón, la cuarta economía del planeta, le da a esa tendencia una dimensión distinta.
Desde que un tribunal panameño expulsó a una empresa china de dos puertos estratégicos, Pekín retiene buques con bandera panameña a un ritmo sin precedentes.Ya van 439 en lo que va del año. Los armadores huyen hacia otras banderas y ninguna negociación diplomática ha logrado detener la represalia.
Es el primer viaje de un presidente estadounidense a China desde 2017. Trump busca que Xi presione a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, bloqueado desde el 28 de febrero. Lo acompañan Elon Musk, Tim Cook y más de una docena de ejecutivos globales. Para Argentina, el resultado puede definir el precio del petróleo y el destino de Vaca Muerta como exportadora de energía.