Trump comparó el fallo con una persecución política y, sin pedirla, encendió una nueva chispa con Lula, que le respondió en plena cumbre del G7 que se mantenga al margen de las elecciones de octubre en Brasil.
Por Clara I. Roveda
El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil condenó el martes al exdiputado Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a cuatro años y dos meses de prisión por coacción en el curso del proceso. La causa, identificada como AP 2782, lo declaró responsable de presionar desde Estados Unidos a la Justicia brasileña para frenar el juicio por golpismo contra su padre. El fallo, leído en su ausencia, reavivó horas después una pulseada diplomática entre Washington y Brasilia que ya lleva más de un año.
La Primera Sala del tribunal votó por unanimidad: Alexandre de Moraes, relator del caso; Cristiano Zanin; Cármen Lúcia, y Flávio Dino, presidente del cuerpo. La pena se cumplirá en régimen semiabierto y va acompañada de una multa de 100 salarios mínimos, equivalente a 162.100 reales, unos 31.700 dólares. La condena conlleva también ocho años de inhabilitación política y la pérdida del cargo que Bolsonaro ocupaba en la Policía Federal. En diciembre ya había perdido su banca de diputado por exceso de ausencias a las sesiones. El fallo, según informó el propio STF, todavía puede ser apelado.
Moraes sostuvo en su voto que existían pruebas suficientes de que Eduardo Bolsonaro había buscado torcer el rumbo del juicio conocido como la "trama golpista". Según el magistrado, el propio acusado reconoció públicamente que se radicó en Estados Unidos para conseguir apoyo político y empujar sanciones contra jueces, fiscales y funcionarios brasileños vinculados a esa causa. El relator citó como prueba videos y declaraciones del exdiputado, y enumeró entre las consecuencias de esas gestiones el arancel impuesto por Washington a las exportaciones brasileñas, la suspensión de visados a ministros del Supremo y sanciones financieras dirigidas en particular contra él mismo. Para la Corte, la víctima de esas presiones no fue ningún funcionario en particular sino el sistema judicial brasileño en su conjunto.
La defensa, a cargo del defensor público Esdras dos Santos Carvalho —Bolsonaro no se hizo representar por un abogado particular—, había pedido la nulidad del proceso alegando parcialidad del juez instructor y fallas en la notificación al acusado. Los magistrados rechazaron ese planteo. Carvalho argumentó además que su defendido se limitó a una "interlocución política" con el Gobierno estadounidense, sin ningún poder real de decisión sobre la política exterior de ese país, y que el delito de coacción exige violencia o amenaza grave, elementos que la defensa consideró ausentes. La Sala no compartió esa lectura.
Instalado en Texas desde febrero de 2025 para estrechar lazos con la administración Trump, Eduardo Bolsonaro reaccionó al fallo en sus redes sociales. Sostuvo que la condena llegaba porque Trump había sancionado, según sus palabras, "correctamente" a Moraes, a quien acusó de violar derechos humanos. Agregó que resultaba inconcebible que el mismo juez que se presenta como víctima en la causa haya votado para condenarlo, algo que describió como un proceder ajeno a cualquier sistema judicial imparcial.
El antecedente directo de la causa es el juicio contra su padre, sentenciado en septiembre pasado a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado tras la derrota electoral de 2022 frente a Lula da Silva. El año pasado, antes de instalarse en Estados Unidos, Eduardo Bolsonaro había viajado para presionar contra esa condena, gestión que ahora la Justicia consideró delictiva.
Trump, el G7 y la confusión entre los hermanos
La sentencia tuvo réplica casi inmediata en la cumbre del G7, que se cerraba esa misma semana en Évian, Francia. Allí Trump calificó a Brasil de país "políticamente difícil" que "juega bastante duro", aunque aclaró que nadie juega más duro que Estados Unidos. Dijo que le parecía desagradable que se hubiera detenido a alguien que se presentaba a una elección, justo cuando le iba bien en las encuestas, por declaraciones hechas en Texas.
El comentario contiene una confusión: Eduardo Bolsonaro no es candidato a nada y no fue detenido, sino condenado en ausencia. Quien sí compite en las elecciones de octubre es su hermano, el senador Flávio Bolsonaro, principal rival de Lula. Ambos hermanos se habían reunido con Trump en la Casa Blanca el mes anterior.
Lula no dejó pasar la frase. En una conferencia de prensa en Ginebra, tras participar como invitado en el G7, pidió a Trump que no se entrometa en las elecciones brasileñas, un asunto que dijo es exclusivo de Brasil, igual que su país no interviene en los procesos electorales estadounidenses. Fue más allá: afirmó que Trump conoce poco a Brasil y que, si tiene alguna idea del país, es a través de su relación con la familia Bolsonaro. Mencionó además el sistema de voto electrónico brasileño, que permite conocer resultados en pocas horas, y sugirió que Estados Unidos podría aprender de él para tener comicios "más civilizados". Sobre el breve cruce que tuvo con Trump en la cumbre, contó que no pidió una reunión bilateral porque ambos países negocian todavía la cuestión arancelaria, y que se limitó a entregarle por escrito documentación sobre el trabajo brasileño contra el crimen organizado y sobre tierras raras.
El round se suma a una cadena de fricciones que arrancó en 2025, cuando Washington impuso aranceles a productos brasileños y sancionó a magistrados del Supremo en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro, medidas que luego fueron parcialmente revertidas. Con Lula buscando la reelección en octubre y Flávio Bolsonaro como su principal contendiente, la condena a Eduardo Bolsonaro deja planteado un nuevo frente de tensión entre los gobiernos de Brasil y Estados Unidos, justo en el año en que se define quién gobernará el país sudamericano los próximos cuatro años.
Marius Borg Høiby, de 29 años, fue declarado culpable de dos de las cuatro violaciones que se le atribuían y de otros delitos cometidos entre 2018 y 2024; su defensa ya anunció que apelará el fallo, conocido pocos días antes de que su madre, Mette-Marit, fuera sometida a un trasplante de pulmón.
La votación, celebrada en Estrasburgo, terminó con 418 votos a favor y 218 en contra, y representa uno de los últimos pasos formales antes de que el reglamento entre en vigor.
Lula y la primera ministra Takaichi anunciaron el inicio formal de un Acuerdo de Asociación Económica entre el bloque sudamericano y la cuarta economía del mundo. La guerra en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz aceleraron una negociación que llevaba años sin despegar.